Apuntes sobre mí.
Entendí que sólo hay tres cosas en mi vida que son imprescindibles: el sexo, los viajes y la buena comida. Y todo lo que hago tiene por objetivo primario asegurarme las tres, en abundancia.
No me gusta el jazz, ni la ciencia ficción. No vale la pena insistir.
Aprendí a leer de muy pequeña, y es un vicio que, por suerte, no logro abandonar. Sin embargo, sólo poseo unos pocos libros -no más de diez- que elijo para que me acompañen en mi vida (el resto los regalo en cuanto los acabo). Cada uno de los elegidos, me transporta a determinado estado -soledad, silencio, euforia, sabiduría, tranquilidad, energia, etc.-, por lo que los releo una y otra vez cuando quiero recrear esas sensaciones. Sospecho que todos hacen lo mismo, pero nadie me lo dice.
Soy incapaz de comprar zapatos sola. Los escojo más grandes, o más pequeños, o sencillamente feos.
Para trabajar, me gusta vestirme exclusivamente de blanco y negro. Sobre todo los martes.
Los viernes, y en momentos de ocio, debo vestirme de colores.
Los tamaños de las tipografías, siempre en cuerpos múltiplos de cuatro.
No me gusta fumar durante el día, ni bajo el sol, ni andando.
Durante el día tampoco me gusta ver TV. Excepto los fines de semana.
Evito, siempre que puedo, comer sola. Aunque eso implique una jornada entera de ayuno.
Tengo una memoria prodigiosa para las letras de canciones. Y solía tenerla para los números de teléfono, aunque hoy por hoy apenas recuerdo el mío (aunque sigo sin olvidar el de mis antiguas compañeras de colegio).
Limpio obsesivamente mi mesa de trabajo y mi pantalla cada día antes de trabajar.
Me considero mucho más sensible que la media, e infinitamente menos culta. Y es decepcionante.
Hablo sola todo el tiempo. En voz alta. Ensayo diálogos que me gustaría mantener con determinadas personas.
No entiendo por qué alguien puede quererme. No es que me falten pruebas, es que simplemente no entiendo qué necesidad hay de quererme. Pero yo sí quiero a mucha gente, aún sin necesidad de hacerlo.
Soy incapaz de recordar los rostros de la gente. Y de manejar cualquier electrodoméstico de la casa.
Pienso en suicidarme muy a menudo. No lo veo como algo demasiado trágico, sencillamente, creo que hay que saber retirarse a tiempo. Pero me propuse no hacerlo mientras sea capaz de crear cosas nuevas. La muerte propia no me asusta, la ajena es la que me aterra.
Hace poco me preguntaron si había nacido en Buenos Aires. Casi había logrado olvidarme de eso.
El único dinero bien invertido es aquel que te permite experimentar sensaciones nuevas.
Me gusta vivir en casas pequeñas.
No soporto sentarme en una mesa que no está contra la pared.
Siempre duermo del lado de la cama que más lejos de la puerta está. Excepto cuando estoy sola. Detesto dormir sola, en realidad. Prefiero pasar la noche en vela.
Buscando dónde.
Buscando entonces en una marea de luces y sombras.
Buscando deseo que todo navegue.
Navegando en silencio por rutas oscuras.
Dejando la niebla del cielo caer.
Rojo tu infierno. Rojo el poder y la gloria.
Autoestima. Amor propio convertido en odio propio. Dejarse llevar por el enemigo que vive dentro de mí. Sé que no soy yo. Sé que puedo hacerlo mejor. Pero no lo hago. Olvidé el camino. Me pierdo en mil recovecos de mi alma. Me pierdo y me enfado. Esto ya lo hablamos. Esto ya lo conocemos. Es sólo encontrar la salida. Mil señales me indican el camino. No las veo. Las sé. No las miro. No las quiero mirar. Es tan cómoda la incomodidad. Tan sencilla y tan nuestra. Y camino a ciegas con los ojos cerrados. Porque es más fácil. Porque es mi manera. My way. Mi forma de ser. Por qué ser de otro modo.
No me mientes. Sé que no me mientes.
Sólo que no puedo creerte.
Tus palabras se pierden en mí. Y no te escucho. Y te oigo, pero de alguna forma no es a mí a quien hablas. Y da igual lo que digas. Tu lenguaje se vuelve nada en contacto con mi pasado. No dices nada para mí.
Analgésicos para el alma. Siempre habrá alguna manera de conciliar el sueño. De ver a través de las paredes. De mirar sin ser visto.
Nunca llevo los zapatos adecuados. Tal vez sea sólo eso. Era difícil y nadie dijo que podría hacerlo sola. Pero lo hice pese a todo. Y los latigazos de dolor aún me dejan marcas. Quién diría. Tan alta. Tan lejana.
Seguimos el mismo camino una y otra vez. Hasta agotar fuerzas. Hasta sacarnos los ojos. Hasta entender por qué todo esto. Por qué el dolor. Por qué esta necesidad de doler.
Odio propio. Qué importa lo que digas. Es mío. No me lo quitarás. Hasta que me canse. Hasta que descanse.
Rituales.
La música a oscuras.
El miedo a los ruidos.
El silencio.
Mis pequeños rituales de siempre que pretendo reinventar cada vez.
El vino y el chocolate.
El rincón frío de la cama. La inversión de los órdenes.
Un último cigarro antes de dormir. Afuera. Sintiendo el frío en la cara.
Yo también me detengo en el último banco. Mi último guiño. Mi celebración de libertad.
Escribir. Crear. Concederme permisos. Reflexionar.
Volver a ser. Re ser.
Reina insecto. Sin equipajes. Sin detenerme.
Buscando siempre.
Adios, habitación propia
Adios mío, hola nuestro. Adios tres paredes mías. Puerta de cristal, refugio y cueva. Adios cama pequeña, sueños y orgasmos. Adios dónde estoy y cómo llegué hasta aquí. Adios la noche del adios, adios pastillas. Adios pequeño rincón de mi Madrid, mi cápsula, mi barco. Adios esos brazos, ese calor y ese frío. Adios mi hogar, mi pequeño hogar invisible, mi útero.
Siento frío. Vértigo. Sensación de no retorno. De adioses para siempre. Un dolor púrpura en el pecho. Tristeza otra vez.
Me aferré a su mano como quien se deja llevar. No me sueltes. No ahora. No me sueltes porque temo de mis piernas.
No me sueltes que tengo miedo. Miedo de mí. Miedo de no volver a ser. Desmudándome desnuda. Lejos de mi centro. Incómoda. Y me duele decirlo. Me duele no sentirme tan bien como quería. Me duele mi propia tristeza inexplicable.
Photo#23
Dándome miedo mis pensamientos.
he visto ciudades, he visto gente
he vivido historias y mil anécdotas
he tenido recuerdos y he buscado siempre,
olvidándome a veces del resto,
cuál es la razón, el motivo, el objetivo
queriendo encerrar siempre en una palabra tanta búsqueda intensa
tanta necesidad de explotar, de vivir, de sentirlo todo, de verlo todo
Queriendo conjurar mis instintos
Volviendo atrás mil años, renaciendo una vez más
frente a aquel espejo
entre aquellas paredes
tarde fui una mujer
Mirando al pasado y viéndome a mí
Envuelta en nombres y lugares
En nidos de palabras
figuras de colores
letras, siempre letras
las paredes moradas que no existieron
Y no me quedé adentro
y busqué carnavales en el mar
No estuvo del todo mal
no sé si hay algo más para mí
Y me escapé
Y ahora también estoy escapando
La huida necesita retornos
necesita medir las distancias
necesita ponerle nombre a los recuerdos
encerrarlos
siempre encerrados
asibles
combustibles
recolectando memorias, papelitos, cordones
atando tiempos, contruyendo pasados
a veces se me olvidaba el camino y entonces lo inventaba
pequeña demasiado tarde
con cuentas pendientes
pero pocas
despojada de amores y pasiones
oculta entre sus alas
pequeña, siempre la pequeña
hermoso desastre
duda desnuda
esto era todo lo que queria
nunca pense más allá
Photo #22
abrazada al infierno
acariciar la piel carcomida
abro mis ojos
hubo sangre y humo y ojos blancos
luces de sangre
manchas en la alfombra y en la memoria
dormir aferrada a una sombra
intenté darle calor a ese hueco que destilaba venenos
durmió al fin entre mi aliento
envejecí de tanto mirarte
temblé
intenté que no me vieras quebrar
mil años llenaron mi memoria de tanta vida tuya desparramada entre las sábanas
enfermera de madrugadas espesas
virgen de la piedad
necesito el calor de una vieja y conocida canción
reconstruir mi templo
mis pieles una a una
cada cristal
cada muralla
atravesada, corrupta
desvastada
desbordada de tantas tuyas soledades
fragmentos por el suelo
no sé por donde empezar
a ensamblarme
