Autoestima. Amor propio convertido en odio propio. Dejarse llevar por el enemigo que vive dentro de mí. Sé que no soy yo. Sé que puedo hacerlo mejor. Pero no lo hago. Olvidé el camino. Me pierdo en mil recovecos de mi alma. Me pierdo y me enfado. Esto ya lo hablamos. Esto ya lo conocemos. Es sólo encontrar la salida. Mil señales me indican el camino. No las veo. Las sé. No las miro. No las quiero mirar. Es tan cómoda la incomodidad. Tan sencilla y tan nuestra. Y camino a ciegas con los ojos cerrados. Porque es más fácil. Porque es mi manera. My way. Mi forma de ser. Por qué ser de otro modo.

No me mientes. Sé que no me mientes.

Sólo que no puedo creerte.

Tus palabras se pierden en mí. Y no te escucho. Y te oigo, pero de alguna forma no es a mí a quien hablas. Y da igual lo que digas. Tu lenguaje se vuelve nada en contacto con mi pasado. No dices nada para mí.

Analgésicos para el alma. Siempre habrá alguna manera de conciliar el sueño. De ver a través de las paredes. De mirar sin ser visto.

Nunca llevo los zapatos adecuados. Tal vez sea sólo eso. Era difícil y nadie dijo que podría hacerlo sola. Pero lo hice pese a todo. Y los latigazos de dolor aún me dejan marcas. Quién diría. Tan alta. Tan lejana.

Seguimos el mismo camino una y otra vez. Hasta agotar fuerzas. Hasta sacarnos los ojos. Hasta entender por qué todo esto. Por qué el dolor. Por qué esta necesidad de doler.

Odio propio. Qué importa lo que digas. Es mío. No me lo quitarás. Hasta que me canse. Hasta que descanse.

1 year ago